Pasé la noche en vela tejiendo un cosmos con veinte cuásares infinitos; le bordé dos galaxias en las esquinas y dos tiempos relativos. Tomé por el centro la vía láctea, le planché una línea regular, mitad oeste para ti, mitad este para mí. Apagué las velas y me senté a esperar.
Tic, tac…Tic, tac...
Aún espero en mi universo los púlsares del tuyo, cuando destejas los años luz que nos separan.
Aún espero en mi universo los púlsares del tuyo, cuando destejas los años luz que nos separan.
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