14 octubre 2009

Nada(r)


A veces soy la urbe
con sonrisa de neón tendiendo puentes
amante flash de un buen turista
Otras veces sauce
de ramas en el rostro
vuelta a su interior llorando lagos
Muchas veces intangible
nota abstracta 
sacada de un costoso stradivarius
Pero nunca más la niña
que tubo escamas en lugar de piel  

07 agosto 2009

Nocturnal

Nada mejor que tu cuerpo entre mis piernas y tu regazo en mi cabeza. Mira que no se necesita tener un pecho cornalina para quererte como te quiero, ni haber tenido el cuerpo blanco infinitamente.
Hoy precisamente, cuando te vi desnuda, descubrí ese tono aperlado de tu rostro y un poco de flacidez en tus contornos. Pero no importa dije, su fidelidad no la cambio por nada, ni siquiera por una emoción más joven.
Ya son muchas noches contigo llenándote de argumentos y solidificando lágrimas ¿para qué pues busco en algún otro cuerpo ortopédico, quizá con alma aventurera, lo que tú me das? No, no arriesgaré tu leal espera, tu baúl de olores que despiden tantos sueños, ni ese dulce callar de estrella herida; será mejor cambiarte sólo de funda.

01 agosto 2009

Más menos

El 6 por 8 no dio cuarenta y ocho meses, para tú quedarte ni para yo partir. Ya ves, las matemáticas resultaron inexactas para construirnos vidas. Confiar en la geometría de los círculos virtuosos para derrotar triángulos irregulares, resultó fatal.

24 julio 2009

Un break para el suicidio


Ven
emborráchate conmigo
dejemos un rato la cornisa
la bala sin remedio
la rúa de atropellos
que el suicidio no se irá
Si descargas  tú mis cruces
haré lo propio con tus clavos
abajo hay tres cervezas
y una grande de tequila
engañemos al amor
Enfundemos las navajas
guardemos las aortas
aseguremos el pecado
de sentir felicidad
Para mañana te prometo
un beso de resaca
que conserves en las sienes
para que no te falle el tiro
ni a mí la cuerda floja
y a ellos el aplauso
que darán por la función

03 julio 2009

Rutinas

Ya no quiero dar los buenos días al vecino con la misma mueca de fastidio, sin tan solo se dejara preguntar con alegría ¿cómo le fue anoche entre las piernas de su mujer?
No quiero ver las mismas rayas del asfalto tan derechas, si tan solo las pintaran de morado y donde hay curva pintar rectas  y donde hay recta doblar hacia Plutón.
Ya no quiero ver a la misma gente oficinista, haciéndome sentir muy bien,  si al menos una vez al día se levantaran de repente  a orinar la fuente seca del jardín.

¡Por eso exijo una contra rutina!

Quiero dejarme crecer la barba y pasar mis días  como indigente de mi ciudad. Quiero Cambiar oriente para el lado de occidente pues sería divertido ver al yanqui peleando en su país, noticieros leyendo poemas de Octavio Paz y la radio anunciando que reencarnó la oreja de Van Gogh.

De Poder querer sí puedo y querer poder también, pero no todo lo que se quiere se puede ni por querer se tiene todo el poder.

10 abril 2009

La noche del hombre triste


Hace meses que no lo veo, puso pies en polvorosa o quizá a estas alturas ni siquiera tenga pies que lo acompañen. Al no ser clienta constante del bar Pluma Blanca desconozco su devenir por la cantina de los cultureros de mi ciudad. Lo conocí hace tiempo cuando llegué por vez primera a esa cantina de nombre indio, nombre que a los muchos años y por complicidad, terminó por significar, objeto con el que se hace arte efímero.

De piel lechosa y estatura de poca monta, el triste vestía camiseta con manchas sobre arrugas, sombrero de paja pero no vaquero, más al estilo escritor venido a menos. Manos delicadas, expresionistas, sí, manos de artista, de actor en escenario amarilleando nicotina.
Apenas entramos mi amigo y yo a la cantina nos invitó a sentarnos a su mesa, como si le urgiera saberse visible a través del diálogo o de su reflejo en la pupila de otro ser humano. A la vez que extendió una silla para que yo me sentara hizo lo mismo con su mano disponible presentándose sin ambigüedad: Hola, me llamo Alberto y soy alcohólico. Yo elhecho y a veces no tomo alcohol le respondí, entonces cayó en cuenta que desconocía el nombre de mi amigo que ya se desorbitaba en ojos ¿y tú cómo dices que te llamas? Alejandro, murmuró a duras penas. Conocía bastante a mi amigo y sabía que la palabra directa no se le da, lo pone vulnerable, nervioso y en alerta, yo disfruto verlo en este tipo de situaciones pues me gusta imaginar al mundo así de perplejo ante la desnudez de intenciones, todos sin la cortesía protectora de las palabras. 

Se dejó ver por mí, se dejó preguntar y hasta reclamar –no hay mujer que se resista al reclamo- de facciones varoniles y cuerpo de edad incalculable, lo mismo pudo tener 25 que 45 pero su añejado rostro no intentó ocultar tener más de 50 años de abandonos. Inteligente hasta lograr ser interesante, culto hasta llegar a ser intransigente y tan delicado como el erizo de mar.
Vía cerveza clara, se desnudó a dentelladas y desmenuzó a zarpazos sus días. Entre autores, libros, frases contundentes y textos bestiales, recogió pedazos y armó su puzzle de vida. Tenía tanto en su arsenal que me faltó noche y a la mesa ganas de aprehenderlo. Saltaba de mesa en mesa y de conversación en conversación, hasta que la hora le recordó que a veces también se duerme.
El abandonado se les va nos dijo, porque nadie me espera es que regreso a casa. Esta vez no estuvo disponible alguna mano para despedirse, una estaba aferrada a un vaso de sucio plástico y la otra a una limpia obra de Emilio Carballido.

Mi amigo y yo, sin voltear a vernos, guardamos un minuto de silencio en su memoria, nada se dijo, estaba algo ronco el sentir. A mí me dejó una montaña de preguntas y un hueco de respuestas, a mi amigo, el regreso de esa paz que da la distancia entre el hombre y la verdad.

06 enero 2009

Envidia


Envidia es lo que estoy sintiendo
esa tan hermana de los celos
la de negrísimas alas
con lágrimas de cuervo
esa que no tiene reparo
en justificar su existencia
en el arrabal de mis infiernos

Envidia, sí, te lo confieso
para no dejarla salir
como alacrán por mi garganta
y la estoy haciendo tan mía
para que en su hartazgo de mi presencia explote

Volveré sana
sin daños a terceros
es promesa de voluntad humana
A ella, mi inquilina tasajera
¡maldita seas!
ya escupo sobre tu tumba