¡Hoy se hace visible en la anonimia histórica escandalizando a tacón batiente!
Vive en la zona ambigua de la inclusión y la exclusión porque no pertenece al corsé de la etiqueta.
Se apropia del dominio, con el poder de silenciarse o gritarse a sí misma; hilvanando o devanando según su Ariadna o laberinto., sufriendo la mucha nada o feliz en el tanto infierno.
No engendra simulacros de dignidad cuando la dignidad tiene ecos medievos y de leyenda.
Exige un enemigo para consagrarlo debatiendo consigo misma de cara a su colección de muñecas.
Mutila el falso humanismo de la compasión para desenraizar el falso mito de la justicia plantando el de la igualdad.
No se mira en los espejos porque éstos no reflejan los turgentes senos de su moral.
Permanece enamorada porque no se siente penosidad, ni santa en su maternidad por no ser osario de amores damnificados.
Sabe amar como no enseñan las familias pudorosas que regalan cursos de buenos amoríos en navidad, se sabe amor en sí misma.
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