Esa humana costumbre
de darnos argumentos paradójicos
de los cómo y para qué
con la esperanza de que exista
un mundo extraordinario
donde lo ordinario no acontezca.
Porque en este mundo de ordinarios
existe el hombre de defectos
la piedra sin ideales
lo verde sin metáfora
y el animal sin pretensión
¡todo tan monótono e imperfecto!
que acontecen presurosos
el odio y la desdicha cuando bien nos va
que mal nos va
cuando buscamos la muerte
de uno y la del prójimo
para componer los desperfectos
del mundo rutinario
tan ordinario el pobre
que juramos por nuestra madre
que otro existirá
En pos de ese mundo extraordinario
me dejas pasar
también a ellos, y a tu virtud
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