El mundo, uniformidad de hombres y mujeres de hipnosis homogeneizada, con prototipos de dolor, de felicidades fáciles y rencores aburridos, domesticados desde el espíritu hasta el alma, asidos a una banda de la fábrica de humanos, con el pánico a morir ignorantes e ignorados, con el terror de que se les cumplan sus sueños, sueños de ser humano.
Los prototipos con su amasijo de ideales incumplidos, aman a nadie y a su dolor estereotipado, con su felicidad como quimera, se aburren junto a su fracaso. Se agrupan en urbes como coliseos peleando un lugar en la memoria de sus semejantes, con la misma espada, con los mismos dientes y contra el mismo león. Se enamoran con el mismo amor y de la misma flor, con la misma soberbia y de la misma lástima.
Se expanden y se contraen, giran boca abajo y boca arriba, suben y bajan, corren, caminan y paran, cambian de color, de lengua, de oficio, de ideal, nada los hace avanzarle al prototipo. Solamente les satisface estar insatisfechos, morir con la misión del prototipo cumplido.